En el temido bosque de los Gnomos.
Año tras año se va haciendo famoso este bosque, y todo porque Tito Nieto fue mordido por un gnomo allí hace años. Desde entonces no ha vuelto a pasar nada digno de mención, pero los viajeros siempre pasan por allí en silencio por si acaso...
El balcón del viento.
Hicimos un alto en el balcón del viento, que fue el único sitio donde corría el aire, aunque nada comparado con el vendaval que suele haber en este lugar impresionante por sus vistas.
Lo conseguimos
Para muchos, casi todos, esta es la primera montaña conquistada. La próxima: la Cruz de Camarolos, y después el Camorro Alto y ...
En la cima hay un buzón. Queríamos dejar constancia de nuestra presencia en la cima, pero nadie tenía un boli. Menos mal que Julio, el padre de Alberto, encontró un lápiz verde, gracias al cual, una vez bien afilado con una navaja pudimos poner nuestros nombres, un dibujo de Baltimor y la dirección del Club.
Antes de llegar a la cima, nada mas salir del Embudo, tuvimos la suerte de ver una bajada suicida de cabras montesas... impresionante.
Poco después se formó el grupo de los monkie-boys formado por Iñaki y Carlos.

Comimos debajo de un árbol, muy cerca de la cima, coincidiendo con una plaga de ese insecto de color rojo con lunares negros, comúnmente conocido como "mariquita". Juan quería comerse una, para no ser menos que su padre, pero lo impedimos a tiempo.

En el Puerto de la Pradera Alta hicimos una parada para disfrutar de la mullida hierba.

En el bosque de las brujas
Después de las ricas bellotas de la gran encina fuimos al bosque de las brujas, en la Pradera Baja (o de Heidi). Allí nos encontramos estos hongos.
Una excursión inolvidable para todos que terminó con el Rosario por las almas del Purgatorio durante el último descenso y una merendola en la Fuente de la Hiedra, tan añorada por los excursionistas, que a la próxima traerán más agua, seguro.
Y un agradecimiento especial a Eloy, Julio y Juan.



