Todo estaba en su sitio: el corazón verde, la plataforma, el bosque de los Gnomos, el Balcón del Viento (aunque estaba apagado), el Vigilante, la ladera de los Conguitos, la Bota del Gigante, el Embudo, el Gnomo petrificado de la cima, el buzón donde dejamos nuestra firma, La Virgen, el Árbol de la Comida (aunque comimos en la cara Sur por cuestiones de frio), la pradera alta, donde volamos la cometa de Stephan, el Desagüe, la Gran Encina, el Bosque de las Brujas, lleno de musgo y la Pradera de Heidi. Es increíble que año tras año todo sigue en su sitio.
Luego, bajando desde la Gran Pradera, después de saltar la valla, rezamos el Rosario por las Almas del Purgatorio, que están muy contentas con nuestras excursiones y ya están esperando la siguiente.
Otra excursión inolvidable, que además nunca olvidaremos.
























