28/3/09

En las minas de Moria

Nunca la compañía del Anillo había sido tan numerosa: 13 componentes: Álvaro-Faramir, Frodo-Roberto, Paco-Saruman-Balrog-Troll-Orcos, Cayetano-Merry, Arnold-Pippin, Justo-Sam, Manu-Eomer, Jaime Boromir, Alberto-Légolas, Rafa.Gimly, Alfonso-Bilbo, Gonzalo-Gándalf, y Fernando-Aragorn.
Eligieron el paso de las Minas de Moria por considerarlo más seguro que cruzar las terribles cima heladas del Caradrhas, sin embargo los problemas comenzaron en la misma puerta de Moria. Allí, en un oscuro lago, el Kraken, un pulpo gigante , hizo estragos: Pippin fue el primero en caer en sus tentáculos y perdió muchas vidas, a pesar de la ayuda de todos los demás del grupo, pero el que salió peor parado fue el mismísimo Gándalf. Al final consiguieron abrir la puertas de Moria y dejar atras el aterrador peligro del Kraken. Recorrieron sus pasadizos y oscuras galerías a la débil luz de la vara de Gándalf. Hasta que al final ocurrió lo inevitable: una torpeza de Aragorn hizo despertar el mayor peligro de Moria: el Balrog, el demoio de fuego, el mal de Durin. Cuando huían de un ejercito de orcos que les atacó en la tumba de Balin, último rey de los enanos bajo la montaña, ya cerca de la puerta del Este, salió a su encuentro el Balrog. Gándalf consiguió pararlo y arrojarlo al fuego rompiendo el puente con su vara al grito de "no puedes pasar", grito que fue escuchado hasta en los confines de la Malagueta, Málaga, España.
El final lo conocéis todos... Gándalf cayó al abismo con el Balrog, sus últimas palabras fueron: "corred, insensatos".
Continuará

22/3/09

En el Torcal Alto





El día no pudo ser mejor, primaveral, pero sin un calor agobiante. Y El Torcal estaba espléndido, como un jardín bien cuidado. El plan comenzó con la Misa de 9,30 en la Parroquia de san Gabriel. Nos reunimos quince personas y rezamos el Ángelus ya subiendo por el Torcal Alto. Habíamos conseguido aparcar en un hueco al lado de la carretera, ya que el aparcamiento estaba lleno.
Poco después del Ángelus ya vimos las primeras cabras montesas, aunque por la tarde vimos más casi al lado de la carretera.
Creo que recorrimos todo el Torcal Alto, incluso algunas partes varias veces.
Cuando Rob, que iba el primero, vio una culebra, Justo M. -junior- dio la nota negándose a seguir avanzando por el puente de piedra por el que íbamos, pero entre todos conseguimos calmarle. Varios se prestaron a hacerle salir de su estado de shock a base de tortas, que por lo visto es el método más eficiente, pero no hizo falta.
De vuelta a los coches rezamos el Rosario. Un día inolvidable en El Torcal.