
Parecía imposible, pero lo conseguimos.
Nos costó, pero llegamos a la cima.
El día fue un gran regalo: sol, una temperatura buenísima y sin viento. A las 12,00 del mediodía, rezabamos el Angelus a la Virgen en el Tajo del Molino, un desfiladero impresionante.

El arroyo de la Venta traía bastante agua y tuvimos que cambiar de orilla dos veces, con peligro de meter el pie en el agua, cosa que algunos consiguieron, por cierto.

Al salir del desfiladero giramos a la derecha y fuimos ascendiendo lentamente hacia lo alto de la loma. Paramos en una pequeña oquedad rupestre y a las 14,00 comimos junto a un pequeño olivar.
Al mirar lo que nos quedaba hasta la cima algunos se desanimaron comprensiblemente, parecía inalcanzable, la comida pesaba y avanzar por el lapiaz era muy dificultoso. pero no nos desanimamos y decidimos continuar, a pesar de todo.
Nuestra tenacidad fue premiada y lo conseguimos.

Las vistas desde el Castillón de Peñarrubia son impresionantes, y la cima es el único lugar de todo el recorrido donde había árboles y una hierba de un verde rabioso.

Aquí se ve la vista panorámica que se aprecia en la cima... Impresionante.

Al final cuando se ponía el sol llegamos a los coches. Una aventura inolvidable.