Mientras Málaga estaba aletargada bajo la niebla en un día gris, nosotros disfrutamos de un día soleado e inolvidable en la Sierra de las Cabras.
Ovejas al principio de la subida, temperatura buenísima, llegamos a la Plataforma desde dónde se veía la cima, nuestra meta y el árbol de la comida, atravesamos con cuidado el bosque de los Gnomos, atiborrando antes nuestras mochilas de cristal de cuarzo, después La Rampa bajo la mirada atenta del Vigilante desde el Balcón del Viento, el Paso de los Conguitos, la Bota del Gigante, justo debajo del Embudo, que nos llevaría a la alambrada y poco después a través del Lapiaz a la cima, foto y la Salve en la imagen de la Virgen rota, el ansiado Árbol de la Comida, donde, por fin comimos una bien merecida comida, la bajada a la Pradera Alta, descanso de 5 minutos inolvidables, La Gran Encina Chifladora, el Bosque de las Brujas, con su alfombra de musgo y sus fresnos, la Gran Pradera y el regreso rezando el Rosario, bajando y bajando por sendas sinuosas viendo, por fin cabras montesas, hacía los coches. No se puede pedir más a un día inolvidable.











